En el siglo XXI, la necesidad de insertar los principios del aprendizaje a lo largo de toda la vida en la educación y en políticas de desarrollo más amplias asume un carácter más urgente que nunca antes. Estos principios, si se implementan sistemáticamente, podrán contribuir al establecimiento de sociedades más justas y equitativas.
El aprendizaje a lo largo de toda la vida abarca el aprendizaje en todas las edades y modalidades: formal, no formal e informal. Dos informes de la UNESCO, que constituyen verdaderos hitos en el aprendizaje a lo largo de toda la vida (el Informe Faure, 1972; el Informe Delors, 1996), articularon sus principios fundamentales. La Estrategia a Plazo Medio 2008-2013 de la UNESCO tiene como uno de sus objetivos globales para el sector educación “Lograr la educación de calidad para todos y el aprendizaje a lo largo de toda la vida”. El Decenio de las Naciones Unidas de la Educación para el Desarrollo Sostenible, que la UNESCO coordina, ha hecho hincapié en la importancia del aprendizaje a lo largo de toda la vida como una clave para el siglo XXI. El Marco de acción de Belém afirma también el papel del aprendizaje a lo largo de toda la vida para afrontar los problemas mundiales de la educación y los retos del desarrollo.
Durante las últimas décadas, el Instituto de la UNESCO para el Aprendizaje a lo Largo de Toda la Vida (hasta 2006 Instituto de la UNESCO para la Educación, UIE) ha organizado una amplia variedad de actividades en áreas estratégicas de acción en materia de defensa activa, investigación, fortalecimiento de capacidades y creación de alianzas.