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Nuevas Recomendaciones de la UNESCO sobre Aprendizaje y Educación de Adultos (2015)

21 Diciembre 2015

La Conferencia General de la UNESCO de 2015 aprobó una nueva Recomendación sobre el aprendizaje y la educación de adultos, a fin de reemplazar la Recomendación relativa al desarrollo de la educación de adultos de 1976. En las anteriores CONFINTEA V (Hamburgo, 1997) y CONFINTEA VI (Belém, 2009), así como en la Conferencia General de la UNESCO (París, 2013), la comunidad internacional pidió la revisión de las recomendaciones de 1976 para “reflejar los retos educativos, culturales, políticos, sociales y económicos actuales”.

Definir el aprendizaje y la educación de adultos en detalle

La nueva recomendación ofrece una definición elaborada del aprendizaje y la educación de adultos (AEA) que distingue tres áreas centrales de competencias y aprendizaje: oportunidades para a) equipar a los adultos con alfabetización y competencias básicas; b) formación y desarrollo profesional permanente y c) ciudadanía activa mediante lo que es diversamente reconocido como educación comunitaria, popular o liberal. La recomendación apela a los Estados Miembros para que actúen en las áreas ya definidas por el Marco de acción de Belém, tales como política, gobernanza, financiación, participación, inclusión y equidad, y calidad, agregando la preocupación por una cooperación internacional fortalecida. Una manera en que la recomendación podría ser monitoreada es mediante los mecanismos establecidos del proceso de la CONFINTEA, especialmente por el Informe mundial sobre el aprendizaje y la educación de adultos (GRALE, por sus siglas en inglés) trienal, que sigue el progreso de la implementación del Marco de acción de Belém (MAB).

La recomendación se refiere directamente a la Agenda para el Desarrollo Sostenible al 2030 y destaca que “La meta del aprendizaje y la educación de adultos es dotar a las personas de las capacidades necesarias para ejercer sus derechos y hacerlos efectivos, y hacerse cargo de su propio destino. Promueve el desarrollo personal y profesional, propiciando así una participación más activa de los adultos en sus sociedades, comunidades y entornos. Igualmente, fomenta el crecimiento económico inclusivo y sostenible y la creación de perspectivas de trabajo digno para las personas. Es por lo tanto una herramienta esencial para atenuar la pobreza, mejorar la salud y el bienestar y contribuir a edificar sociedades del aprendizaje sostenibles”.

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